lunes, 24 de septiembre de 2007

cardo

Cardo,
tu que has visto mi desconsuelo
cuando por las noches sin estrellas
salgo a vagabundear
por las arterias rotas del camino.

Me confundo con tu mirar
cuando acaricias con tus púas
mis carnes desnudas,
en tu sonrisa queda prendida
la sangre de mi herida.

¡Qué sola es tu vida!
Aún así,
con esa vida áspera y reseca,
con tu cuello siempre erguido,
con el color violeta de tus carnes
encantas mis penas.

Mis angustias van padeciendo
con tus llamaradas blanquecinas
que enceguecen mi mirada,
y como tu, me resigno
a la espera.

Junto florecimos en la quebrada,
en un camino polvoriento
recibiendo solo la caricia del andrajoso
que soporta con su frente humillada
el dolor que producen nuestros cuerpos

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